Siempre que surgen nuevas técnicas constructivas o preocupaciones en el sector (energéticas, sanitarias, de seguridad), aparece la necesidad de certificar o estandarizar los edificios o materiales empleados. Esta necesidad de certificación tiene varias explicaciones:
- De un lado permite crear indicadores que realicen mediciones comparables. Este es el caso de la calificación energética de edificios.
- Los indicadores sirven a los clientes para asegurarse de que lo que han comprado tiene “x” característica real, y no es solo publicidad. Este punto es muy importante. Si el promotor publicita que una vivienda es “domotica” o “energéticamente eficiente”, por tener dos ejemplos, el cliente debe debe poder asegurarse de que es realmente así, y no un detector de presencia y un frigo “A”, por ejemplo. No se trata de una cuestión ética, sino muchas veces económica: estos “añadidos” suponen normalmente un sobrecoste de la vivienda que realmente deben servir como inversión: bien porque aumentan el valor del edificio o bien porque suponen algún ahorro.
- La certificación muchas veces es un instrumento necesario para comprobar que la vivienda cumple con la legislación vigente.
¿Quién está interesado en la certificación?
- La empresa que vende el producto, porque sirve para diferenciarse de la competencia y vender más. Eso ese es el caso de las empresas de domótica que buscan conseguir el certificado EA 0026:2006 o de los arquitectos de grandes rascacielos con el certificado LEED del US Green Building Council.
- La Administración, que pretende potenciar ciertas prácticas o controlar el cumplimiento de la norma, como es el caso de la Agencia de Energía de Barcelona.
- El cliente, que está interesado en recibir una información más clara y comprobable sobre el producto que adquiere.
- Asociaciones y organizaciones, bien porque sirve para promover determinado tipo de productos (domóticos) o porque ayudan a los fines que persiguen (ahorro energético y respeto medioambiental).